Dilma Cruz Canales

Dilma desea compartir sus conocimientos con otras mujeres rurales para que más familias encuentren en la agricultura agroecológica una oportunidad de desarrollo, bienestar y autonomía.
Dilma es campesina agroecológica y guardiana de las semillas criollas. Tiene 48 años, es madre de cuatro hijos y vive en la comunidad de Moropocay, en el municipio de Nacaome, en pleno corredor seco hondureño. Allí lleva años remando contra la corriente de la agricultura convencional a base de conservar las semillas propias de su zona y las prácticas agrícolas que heredó de generaciones anteriores. Cuando tiene compromisos fuera de la comunidad, empieza a trabajar a las tres de la mañana para dejar listas las tareas de la casa y de la finca. Su esposo comparte con ella los cuidados y la apoya en su liderazgo.
Dilma es integrante de la Asociación de Productores Experimentadores de Moropocay (APROEM), que desde hace más de una década impulsa la agroecología y la experimentación campesina. Con el tiempo, su compromiso con el aprendizaje colectivo la ha convertido en un referente para otras productoras de la zona:
- Es partera y, en su comunidad, ejerce una labor similar a la de una curandera comunitaria, acompañando embarazos y partos y cuidando la salud de sus vecinas y vecinos.
- Es una gran conocedora de las plantas medicinales, un saber que aprendió de su abuela por tradición oral y que mantiene vivo a través de la práctica y la memoria. En su finca destaca una parcela de plantas medicinales con las que elabora remedios naturales.
- Conserva semillas de maíz, frijol, maicillo y otros cultivos que forman parte del patrimonio agrícola y cultural de Moropocay. Así reduce la dependencia de las semillas comerciales.
- Además, mantiene frutales, huertos de temporada, aves de corral y ganado vacuno. Es un sistema diversificado que une el conocimiento ancestral con la resiliencia frente a la variabilidad climática.
- Transforma los excedentes de la cosecha en encurtidos y tamales de gallina para la venta. Así reduce las pérdidas y diversifica los ingresos del hogar.
- Participa en la Caja Rural de Ahorro y Crédito Bendición de Dios y es Vocal del Patronato de la comunidad de El Rincón, donde toma parte en las decisiones y en la gestión de iniciativas de beneficio colectivo.

Dilma está convencida de que el conocimiento compartido es la mejor herramienta para el desarrollo de las comunidades rurales. Su sueño es seguir fortaleciendo su parcela de plantas medicinales, ampliar la diversidad de cultivos de su finca y transmitir lo que sabe a otras mujeres rurales. Quiere que más familias encuentren en la agroecología un camino hacia la autonomía y la soberanía alimentaria. Su hija menor, de 13 años, es una de sus grandes motivaciones, y Dilma sueña con verla convertirse en profesional.
¿Te suena esta historia?
La historia de Dilma resuena con fuerza en Galicia. Aquí también fueron en muchas ocasiones las mujeres del rural quienes guardaron las semillas del país. También fueron ellas quienes conservaron los saberes sobre la tierra y las plantas medicinales, y quienes, como parteras y curanderas, acompañaron la vida desde su inicio. Al mismo tiempo, fueron las más invisibilizadas. Su apuesta por la biodiversidad frente al monocultivo conecta directamente con los debates que vive hoy nuestro rural. También lo hace la defensa de la soberanía alimentaria y del trabajo colectivo como forma de resistencia: desde la expansión del eucalipto y la lucha contra la macrocelulosa de Altri hasta la reivindicación del sector agrario de unas condiciones dignas, pasando por las redes de intercambio de semillas que mantienen viva nuestra diversidad agrícola. Dilma nos recuerda que, a uno y otro lado del Atlántico, son las mujeres quienes sostienen y defienden la vida en el territorio.